La inflamación articular es un síntoma común en personas que padecen enfermedades como la artritis reumatoide, la osteoartritis o la gota. Aunque diversos factores pueden influir en su aparición y gravedad, la alimentación juega un papel clave. Existen alimentos que, por su composición, favorecen procesos inflamatorios en el cuerpo y pueden agravar el dolor y la rigidez en las articulaciones.
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Uno de los principales culpables son los azúcares refinados y los carbohidratos simples, presentes en pasteles, refrescos, dulces y pan blanco. Estos alimentos provocan picos de glucosa que estimulan la producción de citoquinas, sustancias que favorecen la inflamación.
Los alimentos ultraprocesados también son problemáticos. Contienen grasas trans y aceites vegetales refinados (como el aceite de maíz o de soja), los cuales desequilibran la proporción de ácidos grasos omega-6 y omega-3 en el cuerpo, promoviendo una respuesta inflamatoria crónica.
El exceso de carne roja y embutidos es otro factor a considerar. Estos productos contienen altos niveles de grasas saturadas y compuestos como los productos finales de glicación avanzada (AGEs), que pueden estimular la inflamación en los tejidos articulares.
Además, los productos lácteos, en especial los más grasos o procesados, pueden agravar los síntomas en algunas personas sensibles a la caseína, una proteína presente en la leche que puede desencadenar respuestas inflamatorias.
Otro alimento a tener en cuenta es el alcohol, ya que su consumo excesivo puede aumentar el nivel de ácido úrico en sangre, provocando ataques de gota, una forma muy dolorosa de artritis.
Finalmente, hay que mencionar el gluten, que en personas con sensibilidad o enfermedad celíaca puede generar inflamación sistémica, afectando también las articulaciones.
Reducir el consumo de estos alimentos y priorizar una dieta rica en frutas, verduras, pescado azul, frutos secos y granos integrales puede contribuir a disminuir la inflamación y mejorar la salud articular.