La fibromialgia es una enfermedad compleja y muchas veces incomprendida, que afecta principalmente a mujeres y se caracteriza por dolor musculoesquelético generalizado, fatiga crónica, trastornos del sueño y dificultades cognitivas. Aunque algunos la han llamado “la enfermedad de las emociones no expresadas”, esta frase, aunque popular, simplifica en exceso una condición con múltiples causas y manifestaciones.
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Es cierto que el estrés emocional y los traumas psicológicos pueden jugar un papel importante en el desencadenamiento o agravamiento de los síntomas. Estudios han demostrado que muchas personas con fibromialgia han atravesado eventos traumáticos o situaciones de ansiedad crónica. Sin embargo, reducir la fibromialgia únicamente a un problema emocional perpetúa estigmas y puede hacer que los pacientes no reciban el tratamiento adecuado.
La ciencia moderna reconoce que la fibromialgia implica alteraciones en la forma en que el sistema nervioso central procesa las señales del dolor. Es decir, el umbral del dolor se ve disminuido y los estímulos que normalmente no causarían dolor se perciben como dolorosos. Este fenómeno se conoce como sensibilización central.
Además, existen factores genéticos, hormonales y ambientales involucrados. La falta de sueño reparador, los desequilibrios hormonales, los cambios climáticos y ciertas infecciones virales también se han relacionado con esta enfermedad. Por tanto, su origen es multifactorial.
A pesar de no tener una cura definitiva, la fibromialgia puede manejarse con un enfoque integral. Esto incluye medicamentos, terapia cognitivo-conductual, ejercicio suave (como yoga o natación), técnicas de relajación, y apoyo psicológico. Escuchar y validar las experiencias del paciente es fundamental, pues muchas veces enfrentan incomprensión incluso dentro del entorno médico.
Es hora de superar mitos y etiquetas simplistas. La fibromialgia no es solo “emoción contenida”; es una enfermedad real que merece investigación, empatía y un tratamiento holístico. Comprender su complejidad es el primer paso para apoyar a quienes la padecen y para avanzar hacia un enfoque más humano y científico.