Seguro más de una vez tu perro se ha acercado a lamerte la cara o las manos. Para ellos, es una forma de mostrar afecto, de decirte que te quieren o que están ahí para ti. Desde que son cachorros, aprenden este gesto de sus madres, así que es parte de su manera de comunicarse. Pero aunque sea una muestra de amor, no siempre es tan inocente como parece.
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Lo que muchos no saben es que la saliva de los perros está llena de bacterias. Algunas no les hacen daño a ellos, pero sí pueden afectar a las personas, sobre todo si el sistema inmune está débil. Bacterias como Capnocytophaga, Staphylococcus aureus o Pasteurella pueden entrar al cuerpo a través de cortaduras, heridas, o incluso por la piel si está irritada. Y en casos más delicados, pueden provocar infecciones serias.
Y eso no es todo. Los perros, como parte de su naturaleza, suelen lamer cosas que no siempre están limpias: su cuerpo, restos de comida, la basura… Si después de eso te lamen la cara, los ojos o la boca, el riesgo de pasar gérmenes es mucho mayor. Ahí es donde hay que tener cuidado, sobre todo con los niños, personas mayores o quienes ya están enfermos.
¿La solución? No es dejar de acariciar a tu perro o alejarlo. Basta con tomar precauciones básicas: mantenerlo limpio, con sus vacunas al día, desparasitado y con buena higiene dental. Y si te quiere lamer la cara o una herida, mejor desvíalo con cariño o dale una caricia a cambio.
En resumen, el lamido de tu perro es una forma de decirte “te quiero”, pero como todo, hay que saber ponerle límites. Cuidarlo también es cuidar de ti, y con un poco de atención, ambos pueden disfrutar del cariño sin correr riesgos innecesarios.