Las cucarachas y las hormigas suelen aparecer en casa justo cuando menos las quieres ver. Son persistentes, molestas y, si no se controlan a tiempo, pueden convertirse en un verdadero problema. Aunque en el mercado hay muchos productos para combatirlas, no todos son seguros, sobre todo si tienes niños o mascotas. Por suerte, hay una solución casera sencilla, económica y bastante efectiva: una mezcla que incluye pasta de dientes y otros ingredientes comunes de cocina.
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¿Qué vas a necesitar?
Pasta de dientes blanca (de la normal, no en gel): tiene componentes como mentol y bicarbonato que a los insectos no les agradan.
Azúcar: sirve como anzuelo para atraer a las plagas.
Bicarbonato de sodio: actúa dentro del cuerpo de los insectos de forma letal.
Un poco de agua: para darle la consistencia adecuada.
Harina o maicena (opcional): ayuda a que la mezcla sea más manejable.
Cómo prepararlo
En un recipiente, pon una cucharada de pasta de dientes, una de azúcar y otra de bicarbonato. Agrega unas gotas de agua y mezcla hasta que consigas una pasta espesa.
Si quieres, añade un poco de harina para que sea más fácil formar pequeñas bolitas.
Usa tapas de botellas, cartón o directamente haz bolitas con la mezcla y colócalas donde hayas visto cucarachas o hormigas.
Dónde poner la mezcla
Busca los puntos clave: debajo del fregadero, detrás de la estufa o refrigerador, en las esquinas de la despensa o cerca de grietas por donde puedan entrar. Eso sí, asegúrate de que las trampas estén fuera del alcance de niños y mascotas.
¿Por qué funciona tan bien?
El azúcar atrae a los insectos, pero cuando comen la mezcla, el bicarbonato les afecta por dentro y acaba con ellos. La pasta de dientes, con su olor fuerte y textura, también ayuda a repeler a otros que se acerquen.
Unos consejos extra
Repite el proceso cada par de semanas hasta notar que desaparecen por completo. Y como medida de prevención, trata de mantener todo limpio, especialmente la cocina: nada de migajas o comida expuesta.
Este truco, además de fácil, es una forma más segura de lidiar con las plagas sin llenar tu casa de químicos. A veces, lo que tienes en casa funciona mejor de lo que imaginas.