La mayoría de las veces, cuando comemos un aguacate, lo primero que hacemos es tirar la semilla. Pero ese hueso redondo que parece no tener uso esconde más beneficios de los que imaginas. En los últimos años, se ha vuelto más común aprovecharlo tanto en la cocina como en remedios caseros y hasta en cosmética.
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Para empezar, la semilla del aguacate está cargada de antioxidantes, fibra soluble y algunos compuestos que ayudan a reforzar el sistema inmune y mejorar la digestión. Si quieres consumirla, solo tienes que dejarla secar unos días, rallarla o molerla hasta que quede como polvo, y luego agregar una pequeña cantidad a licuados, jugos, sopas o tés. Ojo, tiene un sabor algo amargo, así que lo ideal es usarla con moderación.
En cuanto a sus usos medicinales, hay quienes la han usado de forma tradicional para aliviar problemas digestivos como la diarrea o la inflamación intestinal. También se dice que tiene propiedades antiinflamatorias y antimicrobianas, lo que podría ayudar a calmar dolores musculares o prevenir algunas infecciones leves.
En el mundo de la belleza natural, esta semilla también tiene lo suyo. Rallada y mezclada con miel o aceite de coco, puede usarse como exfoliante para dejar la piel más suave. Algunas personas incluso la incluyen en mascarillas para el cabello, con la idea de fortalecerlo y darle brillo.
Pero sus usos no se quedan ahí. Al hervirla, la semilla suelta un color rosado o marrón que sirve como tinte natural para telas o papel. Y en algunos experimentos, se ha probado para crear materiales tipo bioplástico, gracias a su dureza.
En resumen, ese hueso de aguacate que solemos tirar sin pensarlo puede tener muchos usos prácticos. Además de reducir desperdicios, puede ayudarte a llevar un estilo de vida más saludable y amigable con el medio ambiente.