Aunque solemos usarlos en la cocina, el ajo y el clavo de olor tienen un valor que va mucho más allá del sabor. Desde hace siglos, estos dos ingredientes han formado parte de remedios caseros en distintas culturas, y hoy en día siguen siendo apreciados por sus beneficios para el cuerpo.
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El ajo, por ejemplo, es famoso por su capacidad para fortalecer el sistema inmunológico. Su principal compuesto, la alicina, tiene propiedades que ayudan a combatir bacterias, virus y hongos. También se le conoce por ayudar a reducir la presión arterial, mantener a raya el colesterol y cuidar el corazón. No por nada mucha gente lo consume crudo en ayunas, como un “limpiador” natural del organismo y para mejorar la circulación.
El clavo de olor, por su parte, es esa pequeña especia de aroma intenso que también esconde grandes beneficios. Su componente principal, el eugenol, tiene efectos antiinflamatorios y antimicrobianos. Va muy bien para aliviar dolores dentales, molestias digestivas e incluso problemas respiratorios. Una infusión de clavo puede funcionar como un buen expectorante cuando hay tos o congestión.
Cuando se combinan, ajo y clavo pueden potenciar sus efectos. Una infusión con ambos puede ser útil en casos de gripe, congestión, inflamación o incluso para deshacerse de ciertos parásitos intestinales, gracias a su acción antimicrobiana natural.
¿Quieres prepararla? Solo necesitas hervir un diente de ajo machacado con dos o tres clavos en una taza de agua durante unos 10 minutos. Puedes tomar esta bebida una o dos veces al día, de preferencia por la mañana o antes de dormir.
En resumen, estos ingredientes que tienes en tu cocina pueden ayudarte a cuidar tu salud de manera sencilla y natural. Eso sí, si estás tomando medicamentos o tienes una condición médica, siempre es mejor hablar con un profesional de la salud antes de probar remedios caseros.