Notar pequeños granitos blancos en los labios puede ser incómodo y hasta alarmante. Lo cierto es que, en la mayoría de los casos, no representan un problema grave, pero conocer su causa puede ayudarte a saber si necesitas atención médica o solo hacer algunos ajustes en tu rutina.
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Uno de los motivos más comunes son los gránulos de Fordyce. Se trata de unas glándulas sebáceas que, aunque normalmente no se ven, en algunas personas se hacen visibles como puntitos blancos o amarillentos. No duelen, no se contagian y no representan ningún riesgo. Algunas personas deciden tratarlos solo por estética, con opciones como láser o tratamientos dermatológicos.
Otra causa bastante habitual son los quistes mucosos, también conocidos como mucoceles. Estos se forman cuando se bloquean pequeñas glándulas salivales, muchas veces por morderse el labio sin querer. Se ven como bolitas suaves, a veces transparentes, que suelen desaparecer solas. Si no lo hacen o molestan mucho, un especialista puede retirarlos fácilmente.
En otras ocasiones, los granitos blancos pueden estar relacionados con acné perioral, especialmente en personas con piel grasa o sensibles a ciertos cosméticos. Aunque normalmente aparece alrededor de la boca, también puede alcanzar la zona de los labios.
También hay que considerar el herpes labial. Aunque suele asociarse con llagas más evidentes, los primeros signos pueden ser pequeños granitos o ampollas blancas. A diferencia de los anteriores, este sí es doloroso y contagioso, y suele requerir tratamiento antiviral.
Además, cosas más simples como una higiene bucal deficiente, el uso de labiales con fragancias, bálsamos irritantes o incluso alergias a ciertos ingredientes, también pueden provocar este tipo de lesiones. En esos casos, cambiar a productos más suaves y mantener una buena higiene suele ser suficiente.
En resumen, hay muchas razones por las que pueden salir granitos blancos en los labios. Algunas son totalmente inofensivas, otras requieren un poco más de atención. Si te preocupan, no se van o aparecen con frecuencia, lo mejor es consultar con un dermatólogo para quedarte tranquilo y saber qué hacer.