Ver un gato negro en la calle, en la puerta de tu casa o simplemente cruzándose en tu camino puede despertar todo tipo de ideas, dependiendo de quién lo vea. Para algunos, es señal de mala suerte. Para otros, todo lo contrario. Lo cierto es que este felino ha estado rodeado de creencias y supersticiones durante siglos, y su significado varía mucho según la cultura.
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En buena parte de Europa y en Estados Unidos, la fama del gato negro no ha sido la mejor. Durante la Edad Media se le relacionó con la brujería, como si fuera el compañero de las brujas o incluso una bruja disfrazada. Por eso, durante siglos, cruzarse con uno era visto como algo negativo, una especie de mal augurio. Estas ideas se reforzaron con los juicios por brujería, donde tener un gato negro cerca podía meterte en serios problemas.
Pero no en todos lados se ve así. En Escocia, por ejemplo, si un gato negro entra a tu casa, lo consideran un buen presagio. En Japón, estos gatos son símbolos de protección y buena fortuna, especialmente para las mujeres solteras. Incluso hay versiones negras del famoso maneki-neko, el “gato de la suerte” que ves en muchas tiendas, para ahuyentar malas energías.
Para quienes creen en la energía y los mensajes del universo, un gato negro puede representar algo más espiritual: intuición, sabiduría, misterio. Hay quienes dicen que aparece para recordarte que mires más allá de lo evidente o que prestes atención a lo que estás sintiendo.
Hoy en día, por suerte, cada vez más personas están dejando atrás los prejuicios. De hecho, muchos gatos negros no son adoptados por los mitos que aún los rodean, y eso ha llevado a crear campañas para fomentar su adopción y darles el lugar que merecen como cualquier otro animal.
Así que, en vez de asustarte o dejarte llevar por lo que dicen, quizá la próxima vez que te cruces con un gato negro puedas verlo como lo que es: un ser especial, misterioso, y sí, también lleno de encanto.